
Miércoles 8 de septiembre de 2010| por KARIN LUCK / GLORIA REQUENA
Haciéndose cargo de la necesidad de asumir las problemáticas que afectan cotidianamente a las mujeres en el mundo, hace un año se celebró en Seúl, Corea del Sur, el Segundo Foro Internacional de la Red de Mujeres de Metrópolis, que reunió a representantes políticas e institucionales de 40 países, quienes debatieron y compartieron experiencias sobre cómo conciliar el desarrollo y gerenciamiento de las ciudades con la plena inclusión y participación de todos sus integrantes.
Chile tiene grandes desafíos si quiere avanzar en esta línea. Un primer paso da la Región Metropolitana al modificar sus criterios de postulación a proyectos en cultura y deportes, estableciendo la posibilidad de desarrollar iniciativas que consideraran esta mirada. Los resultados fueron inesperados, y se expresaron en que más de 30% de los proyectos presentados, favorecieron la plena inclusión y participación activa de las mujeres de la región.
Un segundo gran paso se dio al incorporar en el diseño de los proyectos de desarrollo urbano financiados por el gobierno regional, la mirada de género. Esto fue aprobado por unanimidad a finales de 2009 y se comenzará a implementar durante este año. Estas iniciativas, junto con la generación de un Banco de Proyectos Regionales, abierto a la comunidad para facilitar su conocimiento, evaluación y difusión, nos convertirán en el país de América Latina más avanzado en la materia de la Red de Mujeres de Metrópolis.
Estos logros, aunque valorados, están distantes de los avances de las metrópolis europeas o asiáticas, como Seúl, que junto con ser una de las más modernas es -además- la más empática con las necesidades de las mujeres, lo cual es reconocido por la comunidad internacional. La clave, según sus autoridades, ha sido el énfasis en la flexibilidad, donde la ciudad se define como espacio disfrutable y no sólo de tránsito. Si tradujéramos esto a Santiago, concluiríamos que aquí el énfasis se puso en la velocidad, y no en el paseo, como diría un arquitecto coreano. De allí lo duro de su diseño, en que las autopistas cortan la ciudad y no la integran, donde escasean las áreas verdes y los espacios culturales de trascendencia son itinerancias, marcadas por el ritmo de la ciudad, por ejemplo, Teatro a Mil, que brinda gran cantidad de obras en poco tiempo. Repensar la ciudad significa posibilitar la igual participación de todos sus integrantes en las agendas políticas y la planificación de las ciudades, donde el diseño nace de la ciudadanía y no sólo de una institucionalidad presionada por el cumplimiento de metas ajenas al quehacer de sus habitantes.
Estamos conscientes de que estas iniciativas son un barco de papel en el océano que representan las demandas sociales, culturales y políticas de más de 46% de los 6 mil 600 millones de personas del mundo que son mujeres y, en especial, de 70% de los mil 200 millones de éstas que viven en extrema pobreza, pero esperamos puedan servir para guiar a muchos otros gobiernos regionales que busquen anclar sus naves en ciudades cada vez más amables para sus habitantes.