IGNACIO AGÜERO HABLA SOBRE SU ROL EN “RECTA PROVINCIA”, DE RAÚL RUIZ
El autor de “Cien niños esperando un tren” hace el papel de un campesino retardado en la serie que emitirá TVN a partir del 20 de agosto. Acá, Agüero habla de su amistad con el destacado cineasta, de “Secretos” –la próxima película de Valeria Sarmiento–, de su registro del Memorial de Paine y su obsesión por Santiago, ciudad que será escenario de su próximo largometraje de ficción: “La deriva de René”.
Gabriela García
Ignacio Agüero (55 años) no da entrevistas. “Los periodistas son los animales más peligrosos que existen. Yo les hago el quite”, advierte el hombre de ojos claros y cabello encanecido desde su casa burdeo de Providencia.
Son las 13 horas en Santiago y las bajas temperaturas tienen abarrotado de indigentes el Estadio Víctor Jara. En las calles aún quedan restos de nieve. El documentalista prepara café de grano en una gran cocina americana, donde conviven, en completo desorden, loza sucia, cintas de mini DVD con imágenes de los funerales de Pinochet, un frasco de Tánax y diarios sueltos. Hace una década que vive solo en ese lugar, decorado por fotografías, libros y alguna que otra pintura. “¿Seguro que quieres entrevistarme?”, insiste Agüero algo nervioso al ver la grabadora.
A las 22 horas del 20 de agosto, TVN estrenará “Recta Provincia”, la esperada serie del destacado director chileno Raúl Ruiz. Ese día, decenas de personajes de los cuentos populares de Chile y del mundo entrarán a la pantalla chica, a través de una historia de ficción. Agüero es uno de los que la protagonizan y aunque reconoce que la invitación del realizador de “Palomita blanca” le dio un poco de susto, le permitió mirar desde una posición privilegiada el trabajo de un amigo al que conoció en los ’90, cuando entró de colado a un almuerzo que le estaba dando la Embajada de Francia en el restaurante Japón. “Es muy entretenido escucharlo, porque relaciona ideas, recuerdos y conversaciones. Es un gran contador de cuentos, un hombre que siempre está trabajando, que observa y apunta, que produce desorden, que altera las formas de pensar. Estar cerca de lo que hace Raúl siempre es estimulante”, expresa mientras fabrica un cigarrillo con tabaco holandés.
TONTO Y POLICÍA
En la serie que se transformará en película y que se estrenará en Alemania, Agüero encarna a Paulino, el hijo del personaje de Bélgica Castro. Sobre su rol comenta: “Es un gordito tontón que vive con su mamá. Ellos son cuidadores de una casona campesina. Y realizan un viaje donde se encuentran con cantidades de personajes y de historias que les van contando. Él es un tipo simple, que en este recorrido se enamora y tiene un hijo. Es una cinta preciosa, que te hace mirar el Chile olvidado de Violeta Parra, a través del folclore, las tradiciones y el habla”, sentencia.
Pero “Recta Provincia” no sólo tendrá en pantalla al documentalista de “La mamá de mi abuela le contó a mi abuela”. El 15 de agosto, “Tendida mirando las estrellas”, el largometraje que Andrés Racz filmó en el 2000 sobre el mundo carcelario femenino, por fin será estrenado en el marco del Festival Internacional de Santiago. Ahí, Agüero se transforma en un jefe de policía que da las órdenes para atrapar a Nieves, una prostituta drogadicta encarnada por la ministra de Cultura, Paulina Urrutia. “Es un papel pequeño pero la película es maravillosa. El guión, construido por Racz y Diamela Eltit, está basado en una noticia de crónica roja”, comenta. Como bonus track, en septiembre, Agüero participará en el rodaje de “Secretos”“, película dirigida por Valeria Sarmiento y escrita por su pareja Raúl Ruiz. La cinta comienza cuando un chileno es cogoteado por otro chileno en Europa. Luego, el ladrón se arrepiente de haberle robado a un compatriota y le devuelve la plata, pero éste le pide que le traiga un encargo a su hermana. “Es una historia de enredos y yo encarno a un chileno común y corriente, un personaje que aparece arbitrariamente”, dice Agüero.
LA PUTA KARATECA
Ignacio es un tipo de pocas palabras. Así como el humo del cigarrillo, sus frases suelen quedar suspendidas en algún rincón de la memoria. Caminando sobre la baldosa cuadriculada, parece un caballo de ajedrez, que juega con mucha cautela. “Estamos llenos de historias”, piensa en voz alta, “eso es lo que me encanta del documental, que es el germen de muchas otras películas y te obliga a explorar”.
Ese afán por bucear en mares ajenos es lo que lo tiene preparando “El último desaparecido”, documental que empezó a rodarse el día que murió Augusto Pinochet, a partir del testimonio recogido en las calles y en las casas de Santiago. O el registro audiovisual de la construcción del Memorial de Paine, donde decenas de personas están elaborando un mosaico para su familiar muerto en la época de la dictadura. “Ese documental empezó hace tres años y es un encargo de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados. Es muy bonito porque a través de un trabajo creativo y manual, la gente hace un ritual funerario”, profundiza. Sobre el resto de sus proyectos prefiere no dar pistas, ya que tres esperan respuesta de la Corfo.
Sobre lo que sí quiere hablar Agüero es de Santiago, escenario por el que viajará a través de la cinta “A la deriva de René”, un largometraje de ficción que está en proceso de reescritura con Ernesto Ayala. “Es la historia de una familia, donde hay un arquitecto que se dedica a las demoliciones y que tiene una hija, René. Ella es una estudiante de Arquitectura, que asiste a un taller que consiste en explorar la ciudad; entonces inventa la deriva del sexo y del amor, que es acceder a Santiago asumiendo el papel de prostituta. Se para en las calles para subirse a los autos y los gallos la llevan a distintos hoteles. Pero ella está trabajando y nunca la tocan, porque ella es karateca y anda con su spray paralizante. Esa trama se cruza con otras derivas, como la de los recolectores de basura, las funerarias o los envíos de flores a domicilio. Todo ocurre en cinco días y me gustaría que la protagonizara Aldo Parodi”, revela dándole una pitada a su cigarrillo artesanal. “Las ciudades son como libros que están escritos en idiomas que hay que aprender a leer. La ciudad es un recipiente de secretos”, agrega como divagando. El autor de “Cien niños esperando un tren” termina el segundo café. Sus ojos azules se extravían en la gris postal de Santiago. Caminando por su videoteca, parece acariciar los rostros de cada una de sus historias almacenadas en cajones. En la sala, carretes de cine cubiertos de polvo y un Altazor en el suelo le recuerdan que hay que seguir grabando.