
Jueves 7 de agosto de 2008
"Hola, ¿cómo estás? Soy Valentina, soy alta, pelirroja, ojos azules y piel blanca, tengo grandes pechos y colita parada. Estoy acostada solita y también estoy muy caliente. ¿Qué quieres hacer conmigo?". La grabación invita a los insomnes a llamar cuando el voyerismo del reality da paso al morbo más honesto. "Las enfermeras del amor", "Aló, Bom Bom", "Exótica, Venus y Afrodita", entre otras ofertas de piel y látex que pueden gozarse con sólo marcar un número de más de diez dígitos.
Valentina nunca dirá que le duele la cabeza o que no tiene ganas de divertir a un frustrado amante. La central telefónica colapsa de público y el mensaje mantiene en línea a hombres y mujeres que quieren escuchar una historia de ésas sacadas de los diarios del doctor Schnitzler, el autor de "Ojos bien cerrados".
Valentina es sólo uno de los nombres que usa esta egresada de publicidad. Cuenta que su primera directiva -en palabras del jefe- es que "el caliente siempre tiene la razón" y por eso se dedica a excitar hombres al fono desde hace casi un año, y si bien no tiene mucho parecido con las contundentes damas en pantalla, tiene lo propio de una chilena promedio: 26 años, bajita, ojos oscuros, pelo castaño y la talla de una lola vegetariana. Si el cliente así lo desea, ella puede ser rubia, crespa, de raza negra, calva y hasta menor de edad. Cada performance recibe el nombre de hot. "Hacer un hot", es una recreación de alguna fantasía deseada por el que llama o puede ser propuesta por la chica de turno. Puede ser un inocente diálogo o una violenta dominación, armas mediante. Eso sí, Valentina se queja de que las temáticas no varían mucho. "Son hombres de poca imaginación, pero algunos tienen linda voz y son simpáticos". Puede hablar por horas en la cabina, pero se nota fatigada porque viene saliendo de una noche con unos 40 orgasmos telefónicos en el paladar.
Esboza un perfil del cliente y los clasifica según la hora a que llaman. "La mayoría son rondines y guardias que trabajan de noche con acceso al teléfono. Otros llaman de aburridos y hasta se enojan si les haces un hot". La llamada promedio dura dos o tres minutos. Tomando en cuenta que el servicio cuesta entre 15 y 20 pesos el segundo, un "contacto" de tres minutos fluctúa entre 2.700 y 3.600 pesos más SLM. Una cifra prohibitiva para una simple pitanza escolar, pero no para quienes quieren contactarse con Naomí, la enfermera o Nicole, la colegiala.
Sexo oral
El karma del hombre chileno, el sino de su calidad como amante, encuentra en este negocio una muestra que en palabras de Valentina es aterradora. "Este trabajo te deja terriblemente frustrada al darte cuenta que los tipos que llaman representan a una gran mayoría que no vale nada en la cama. Sales a la calle y ves a diez tipos, de los que nueve se van a ir cortados antes de tres minutos", asegura. Hay más: "Son una lata, no tienen fantasías, no son creativos por teléfono y menos lo van a ser en la cama". Sin embargo, el cliente tiene siempre la razón y mientras más dure la llamada, mejor. Aunque las chicas se esmeran en tratar de conversar, saben que el costo es un tema que influye. "Tú les dices hola, cómo estás. Ellos te responden: 'No sé'. ¿Qué quieres hacer? 'No sé'. Te la puedo chupar, me puedo poner en cuatro, lo que quieras. 'Ya poh'".
El sexy fono no es un cobijo donde se llame para buscar algo de romance, pero detrás de la rutina hay mujeres que sueñan con un hombre que en vez de hablar obscenidades, también escuche, pero no sólo una sesión de sexo oral fingida en la que Valentina se chupetea el pulgar o realiza las tan solicitadas nalgadas. Mientras tanto, susurran al oído del cliente todo lo que lo haga feliz; en general, impresiones que tengan que ver con su hipotética y bien dotada virilidad.
De fantasía en fantasía, la chica se desencanta más y más de los hombres, al punto que ya no los entiende y teme quedarse neurótica. "Una vez un hombre llamó para quejarse porque encontró vulgar que a la vagina le dijéramos 'concha' y que el pene fuera 'pico'. Una está condicionada a que se le diga así, y no es que te llamen obreros de la construcción o rondines todo el tiempo; te digo que llama mucho tipo pudiente y profesional". Ésos son llamados 'los chantas', porque se excitan llamando con el jefe al lado. Te llaman desde la pega, les haces el hot y se escucha por detrás cómo el resto de la gente trabaja, algo así como 'Gómez, tráigame ese informe ahora!', y el chanta responde: 'Es que estoy tratando de comunicarme con los inversionistas japoneses'".