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  Lo verdaderamente imprescindible

  Se requiere una reforma estatal, no sólo institucional, sino de personal, que elimine cuoteo y partidismo, los sueldos dispares y que instale el control y la responsabilidad. Se requiere una reforma constitucional, el bien común requiere equidad.

Lunes 29 de junio de 2009


A propósito de un homenaje que se me hizo en La Moneda, con ocasión de mi 92 aniversario, desarrollé estos conceptos: los servidores públicos son lo verdaderamente imprescindible, es claro, los que cumplen bien su función. Los servidores públicos son todos los funcionarios del Estado. Hay un círculo más amplio, que llamaríamos servidores civiles, que son todos los que pertenecen a la comunidad nacional y gozan de sus beneficios. Por esto mismo deben retribuir a la comunidad sirviéndola. Todos pertenecemos a una comunidad humana. Aun un Robinson Crusoe ha nacido en ella. Cada ciudadano es un individuo que tiene que sustentar su vida, y tal vez una familia, y puede tener otros objetivos válidos, pero recibe mucho por vivir en sociedad y debe retribuir y colaborar.

Rousseau habla de un virtual contrato social que hacemos todos para que juntos podamos crear condiciones favorables a la vida. Éstas constituirían el Bien Común. Pero frente al enfoque individualista de Rousseau está el comunitario de Aristóteles y Santo Tomás. Somos parte del todo y hemos de contribuir como partes al bien del todo.

Pasemos ahora a la apreciación de nuestra realidad chilena. El desprestigio de la política encierra, sin duda, una cierta proporción de simple egoísmo, comodidad, falta de disposición a servir. Se da una tendencia al servicio, a natura. Pero esta tendencia positiva y sana tiene que luchar contra un individualismo alentado por una cultura hedonista y codiciosa. Veamos cuánta falta nos hace esta mística del servicio, que debe llevar a un cumplimiento responsable de la tarea. Algunos indicios de nuestro déficit.

La falta de interés de nuestros jóvenes por entrar en el servicio público. Hay, con todo, jóvenes idealistas que se enrolan, por ejemplo, en voluntariados como Un techo para Chile.

La corrupción es el síntoma extremo de la búsqueda del interés propio con perjuicio del común. Congresistas que suben sus sueldos. Profesionales que trabajan en empresas del Estado con sueldos exorbitantes. Médicos que no honran su profesión de servicio.

Se requiere, a mi juicio, una verdadera reforma estatal, no sólo institucional, sino de personal, que elimine el cuoteo, el partidismo, los sueldos tan dispares y que instale el control y la responsabilidad. Se requiere una reforma constitucional. El bien común requiere equidad y después de 30 años de vigencia de la Constitución, Chile es uno de los países más inequitativos. Es una crisis de nuestra democracia.

Hay que hacer un gran esfuerzo de educación cívica para contrarrestar el individualismo y materialismo reinantes, y crear un sentido prevalente de servicio público y cívico, una valoración del bien común. Hemos de ampliar nuestra visión de servicio al bien común. El bien común nacional ha de irse integrando en el bien común mundial. Chile entero debe sentirse parte del mundo, y toda parte ha de ponerse al servicio del todo. Debe estar dispuesta a sacrificar su bien parcial al bien del todo. Chile ha de poder superar sus nacionalismos, que miran al pasado, y asumir un universalismo que lo integrará a la construcción de un mundo de justicia, equidad y paz.

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