Inicio » Mundo

  El improbable Estado palestino de Benjamin Netanyahu

  El improbable Estado palestino de Benjamin Netanyahu

  El Premier israelí ha hecho, según varios mandatarios occidentales, "un avance importante". Pero su oferta ¿a qué Estado palestino se refiere? Desmilitarizado, sin control sobre sus fronteras y su espacio aéreo, ni sobre sus recursos, sin libertad para establecer alianzas.

Lunes 29 de junio de 2009


El ministro israelí de Relaciones Exteriores Avigdor Lieberman no carece de aplomo. Declaró recientemente en Estados Unidos, durante su reunión con el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, que las colonias no son "un obstáculo" para la búsqueda de la paz y que es evidente que se trata de "una excusa para los que quieren evitar las conversaciones", es decir, los palestinos.

Estos últimos se niegan, en efecto, a retomar las negociaciones con el gobierno surgido de las elecciones del 10 de febrero. Los palestinos motivan este rechazo en dos razones. Exigen que el proceso de colonización sea enteramente congelado, incluyendo las construcciones. Se trata de no establecer en terreno hechos consumados que impidan la creación de un Estado viable. La Autoridad Nacional Palestina insiste igualmente en el reconocimiento del principio de "dos Estados para dos pueblos", sin que éste sea sometido a una batería de condiciones como las enunciadas por el Primer Ministro Benjamin Netanyahu en su discurso del 14 de junio.

"PROTECTORADO"

Desde los acuerdos de Oslo de septiembre de 1993, los palestinos negocian para hacer avanzar su causa. Todo debía estar resuelto en 1999, pero no fue el caso. Desde entonces no ha habido más que el "mapa de ruta" de 2003, y el plan de paz internacional para crear una Palestina, de fines de 2005. Nuevo fracaso. El proceso de Annapolis de noviembre de 2007, que según George W. Bush permitiría concretar a fines de 2008 el sueño palestino, no fue más fructífero.

Ahora, "Bibi" Netanyahu ha hecho, según mandatarios occidentales, "un avance importante" al admitir bajo presión estadounidense, tras décadas de negativas, la creación de un Estado palestino. Pero ¿qué Estado palestino? Desmilitarizado, sin control sobre sus fronteras y su espacio aéreo, ni sobre sus recursos, sin libertad para establecer alianzas.

El valle del Jordán seguirá bajo control israelí. Las fuerzas de seguridad conservarán el derecho a intervenir a su antojo en un Estado inerme, pero que tendrá su bandera, su himno nacional y su gobierno, prometió Netanyahu. Lo que ya es el caso. Una especie de "protectorado", como lo calificó Yasser Abed Rabbo, cercano colaborador del presidente de la ANP, Mahmoud Abbas.

Como si esas restricciones no bastaran, "Bibi" puso precondiciones. Antes que nada, los palestinos deben reconocer a Israel como Estado judío. El reconocimiento por parte de la Organización para la Liberación Palestina (OLP) en 1993 de la existencia de Israel ya no basta. Ahora, los 1,5 millones de palestinos de Israel, es decir, el 20% de la población, deben renunciar a su especificidad y plegarse a la voluntad "estatal-religiosa".

Tampoco se transige con el derecho al retorno. No se reconocerá responsabilidad por la expulsión y el desarraigo de 760.000 palestinos en 1948, ni habrá indemnización ni posibilidad de reintegración.

También queda totalmente excluido dividir Jerusalén, que será para siempre "la capital unida" de Israel.

En cuanto a la colonización, es imposible dejar de construir en zona ocupada, ya que los colonos hacen niños y que es necesario hacerles lugar. El espacio vital de los asentamientos para responder al crecimiento natural no compete a los palestinos.

LAS CARTAS ESTÁN EN MANOS DE OBAMA

Para los palestinos "demasiado es demasiado". Descartan reanudar negociaciones eternas que a nada conducen, sobre todo cuando las reglas del juego están fijadas de antemano.

"Habrá que esperar mil años para que los palestinos acepten semejantes condiciones", ironizó Saeb Erakat, el principal negociador palestino. Caracterizó la situación con esta otra fórmula: "El proceso de paz avanzaba a ritmo de tortuga. Esta vez, Netanyahu se puso la tortuga en la espalda".

Por mucho que el Premier diga que no se trata de precondiciones, que está listo para entablar de inmediato conversaciones y que su gobierno es "serio en (su) deseo de llegar a un acuerdo de paz", los palestinos ya no le creen y no son los únicos. "La carta de las colonias contradice la carta de la paz", señaló el escritor israelí David Grossman, persuadido de que "no habrá paz si ella no nos es impuesta".

Las cartas están en las manos del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Todo depende de la presión que se ejercerá sobre Israel para que la paz se haga posible y Palestina una realidad.

Así las cosas, es una misión imposible por lo inaceptables que son las precondiciones impuestas. Netanyahu podrá tenderles la mano a los palestinos y ofrecer diálogo a Estados Unidos, pero jamás ha mencionado la iniciativa de paz adoptada en marzo de 2002 por los 22 estados árabes, que contemplaba una normalización de las relaciones con Israel a cambio de un regreso a las fronteras de 1967 y de un arreglo "equitativo y acordado" del tema de los refugiados.

Ha ignorado Annapolis y el "mapa de ruta". Los palestinos ya no quieren sentarse a la mesa de negociación para simplemente intercambiar cortesías, como lo dijo Abed Rabbo. Quieren cosas concretas. Barack Obama los comprende. Falta hacer entrar en razón a los israelíes. La confrontación no ha comenzado todavía.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.